Lo ocurrido recientemente en Medjugorje despertó muchas emociones en quienes seguimos este lugar con cariño y esperanza.
Al conocer la noticia sentí tristeza, pero, sobre todo, sentí que Dios me invitaba a detenerme y hacerme una pregunta mucho más profunda que la indignación del momento.
¿Qué hacemos con el mal cuando aparece frente a nosotros?
Porque, al final, siempre existen dos caminos.
Podemos responder con más odio, alimentando el resentimiento y el deseo de condenar.
O podemos responder desde el amor, sin dejar de reconocer la gravedad de lo sucedido.
El amor también es una decisión frente al dolor
Hace algunos años viví una experiencia que marcó profundamente mi vida. Mi hijo fue víctima de un robo y resultó herido superficialmente con un cuchillo y varios golpes. Gracias a Dios, las heridas no tuvieron consecuencias mayores.
Recuerdo que, en medio del dolor, sentí una invitación inesperada: comenzar a orar por aquellos jóvenes.
No porque lo que hicieron estuviera bien.
No porque no hubiera injusticia.
Sino porque comprendí que detrás de quien hiere suele haber una historia, heridas profundas y una inmensa necesidad de Dios.
Hoy, al recordar lo ocurrido en Medjugorje, esa oración vuelve a mi corazón.
No solo por quienes cometieron este acto, sino también por todas aquellas personas que viven tan lejos del amor que terminan destruyendo aquello que otros consideran sagrado.
«Nadie profana lo que cree vacío»
Cuando leí esta frase, permaneció resonando en mi corazón.
Desde mi experiencia de fe, he aprendido que la vida espiritual también forma parte de nuestra realidad. No todo lo que vivimos puede explicarse únicamente desde lo emocional, pero tampoco todo tiene una única causa.
Por eso creo en la importancia de cuidar el cuerpo, comprender nuestra historia y fortalecer nuestra relación con Dios.
Para mí, la guerra espiritual no es una idea abstracta. Es una realidad que también se libra en el corazón humano.
Y muchas veces comienza cuando dejamos de distinguir entre la verdad y la mentira, entre aquello que nos acerca a Dios y aquello que nos aleja de Él.
Cada batalla exterior también nos invita a mirar nuestro mundo interior.
Porque el mal no solo intenta destruir lugares sagrados; también busca apagar la esperanza, sembrar división y endurecer el corazón.
Y es allí donde cada uno de nosotros está llamado a elegir, cada día, si hará eco del odio o hará eco del amor.
Con cariño,
Paola Vargas
Mentora Integrativa de Vida


Bonita reflexión. Muy acorde a lo que hablamos este fin de semana. Un fuerte abrazo mi querida Paola.
Hermoso mensaje recordándonos que debemos sembrar amor y que nuestras acciones son el reflejo de lo que tenemos dentro de nosotros. Gracias mi Pao querida por tu lindo mensaje. Besos y abrazos. 🥰
Que bien mi Bella Paolita. Esa eterna dualidad entre Amor y Odio, plena naturaleza humana, es la mejor oportunidad para su amplia comprensión, sus ventajas y desventajas; y desde la apertura de nuestro Corazón, irrigar de Amor cada herida, cada dolor, cada tristeza que ha exacerbado el Odio como mecanismo de defensa y desconocimiento.
El Amor como motor de Vida y reflejo de Jesús en nosotros, su legado.
Asi es Pao , las batallas exteriores se libran ahondando en la profundidad del interior, y solo personas muy valientes lo hacen, y creo que lo hacen movidos por el amor que ha tocado a las puertas de su corazón, les ha traido verdad, y la mentira ha empezado a desvanecer.
Y cuando hay amor y verdad, se completa la vida 💛
Reflexión profunda, con un verdadero sentido de vida!
Hacer eco del amor, nos devuelve la fe y la fortalece, que es realmente lo que nos mueve a ser lamejor versión de uno mismo.
Que bonita reflexión nos invita a mirarnos y a examinar cómo queremos vivir nuestra vida cargados de amor o cargados de resentimiento… y a
Fortalecer cada día nuestra relacion con Dios 🙏🩵