Cuando aprendes a afinar el oído, puedes escuchar el canto de los pájaros aún en medio del ruido de la ciudad. Algo parecido ocurre cuando aprendemos a escuchar la voz de Dios.
Esa escucha se afina en el silencio.
Aunque a veces sea difícil de alcanzar o simplemente de practicar, quizá necesitamos volver a algo tan sencillo como sentarnos con Él y escuchar.
El silencio puede significar quietud. Y en una sociedad donde hemos aprendido a darle tanto valor al hacer, estar quietos, aparentemente “haciendo nada”, se ha convertido casi en un lujo.
Entonces me pregunto:
¿Hasta qué punto creemos que hacer más nos llevará más lejos?
¿Y qué significa realmente ese “lejos” para nosotros?
Mientras escribo esto aparece una respuesta: podemos llegar muy lejos… pero lejos de Dios, cuando comenzamos a creer que el tiempo con Él es menos valioso que el tiempo dedicado a producir, resolver o alcanzar.
Pero quizá podamos ir más profundo: no se trata solamente de detenernos para encontrarnos con Dios, sino de llevarlo a Él a nuestro hacer. Porque cuando aprendemos a vivir con Dios y en Dios, también nuestras decisiones, relaciones, proyectos y obras pueden nacer de ese encuentro.
Y hay algo más que ocurre en el silencio: comenzamos a escucharnos.
A reconocer lo que pesa, lo que duele, aquello que repetimos sin comprender y las verdades que hemos construido a partir de nuestra historia. El silencio y la comprensión disponen el corazón para que la gracia de Dios pueda transformar aquello que necesita ser mirado de una manera diferente.
Es también desde este lugar desde donde acompaño como Mentora Integrativa de Vida.
Custodio un espacio para que puedas detenerte, comprender tu historia y reconocer las emociones, creencias y patrones que hoy pueden estar condicionando tu manera de vivir y elegir. No para decirte quién debes ser, sino para acompañarte a integrar lo vivido, darle un nuevo significado y encontrar mayor claridad sobre hacia dónde deseas orientar tu vida.
Porque quizás transformar nuestra vida no siempre comienza haciendo algo más.
A veces comienza haciendo silencio.
Escuchando lo que sucede dentro de nosotros y permitiendo que, en medio de todo ese ruido, volvamos a escuchar a Dios.
Con cariño,
Paola Vargas
Mentora Integrativa de Vida

